martes, 24 de junio de 2008

Literatura hermética


"En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado". Jorge Luis Borges, Las ruinas circulares.




Hoy quería hablar de las obras literarias que, desde mi punto de vista, se pueden poner en relación con la filosofía hermética y con otras filosofías más o menos cercanas. Antes que nada, he de decir que tengo una enorme tarea pendiente con esta página. Es más, la imagen mental que tengo de ella es muy distinta a su apariencia actual, pero supongo que teniendo en cuenta mis todavía escasos años de estudio, no sé qué más se puede pedir. Digo esto porque quizás algún lector avezado se haya dado cuenta de que faltan muchos apartados, por ejemplo en la sección dedicada al "Hermetismo y el Arte". En efecto, aún no he puesto los apartados dedicados a la literatura, del que hoy hablaré un poco, y a la música, la arquitectura y la escultura. Por supuesto, y partiendo de un contexto moderno, podríamos hablar mucho del cine y la fotografía.

Pero hoy vamos con la literatura. Antes que nada he de decir que no seré demasiado riguroso a la hora de abordar los paralelismos entre la literatura y el hermetismo y otras cuestiones relacionadas. Lo concibo así, porque de otro modo la visión ofrecida podría pasar por ser demasiado estática y absurdamente canónica, lo que sería un poco gratuito teniendo en cuenta que hablamos de arte. De hecho, las grandes obras de la literatura que íntegramente se consagran al hermetismo son muy pocas; y pongo algunos ejemplos: Zanoni y The Haunted and the haunters (Los embrujadores y lo embrujado), de Bulwer-Lytton, Der Golem (El Gólem), y Der Engel vom Westlichen Fenster (El Ángel de la Ventana de Occidente), de Gustav Meyrink, o incluso Las ruinas circulares de J. L. Borges. No obstante, y abriendo nuestro abanico de posibilidades, existen muchísimas alusiones al hermetismo y cuestiones afines en otras obras literarias, y he aquí algunos ejemplos: El Fausto, de Goethelos Himnos a la Noche de Novalis, el Frankenstein, The Modern Prometheus, de Mary Shelley, el Opus Nigrum, de M. Yourcenar, así como las obras que conforman el ciclo de los "Mitos de Cthulhu", debido a autores muy conocidos como H. P. Lovecraft, August Derleth, e incluso R. E. Howard. Además, algunos elementos hacen que la saga Dune, de F. Herbert, pueda ser citada aquí. Y dejando a un lado la literatura de "terror" o "ciencia ficción", o subgéneros aledaños, podemos pasar a la "fantasía", con autores como E. R. Eddison y suThe Worm Ouroboros y, forzando un poco la máquina, el Silmarillion de J. R. R. Tolkien.

Podemos citar, además, otros autores decimonónicos como Blake, Nerval, Balzac o Rimbaud. De cualquier manera, y sin irnos más lejos, en la literatura española encontramos algunas jugosas alusiones al decimonónico ambiente "ocultista" o romántico, como en La Regenta de Leopoldo A. "Clarín", o en las divertidas ironías de Galdós en Fortunata y Jacinta. Retrocediendo muchísimo en el tiempo, se me ocurre que podemos nombrar al célebre y magnífico Asno de Oro de Apuleyo, y a la entretenidísima y muy interesante Vida y Hazañas de Alejandro de Macedonia, de Ps. Calístenes, una "novela" del siglo III. En plena Edad Media, contamos con la monumental Divina Comedia de Dante. Además, y ya en el Barroco, hay una abundante literatura por ahí sobre la relación entre la obra de Shakespeare y el rosacrucismo, y además, podemos distinguir unos pocos pasajes en El Quijote, y en la joya de la literatura alemana del periodo, el Simplicius Simplicissimus de Grimmelshausen.

No sé, hay muchísimo donde elegir, y aún continúo con mis estudios. En cuanto tenga una introducción decente sobre la cuestión, haré lo mismo que con el hermetismo y la pintura, aunque, por decirlo todo, este apartado aún puede dar más de sí, si incluyéramos apenas una introducción a las obras iluminadas de astrología como el De Sphaera, o las muchísimas otras de alquimia como la conocida Splendor Solis, o bien los diagramas "mathésicos" de Bruno, o los de magia "pura y dura", como los hermético-salomónicos, o los del conocido Calendario Mágico impreso por los De Bry, y estudiado por Adam McLean, etcétera, etcétera. Lo dicho, en cuanto reúna la suficiente información, trataré de hacer lo propio con la literatura, y más tarde, con el resto de campos artísticos. No obstante, iré publicando aquí algunos de mis logros y devaneos al respecto.

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