lunes, 3 de noviembre de 2014

The Egyptian Hermes

Comienza la etapa de ajetreo en Studia Hermetica, etapa en la que espero poder publicar un número monográfico de la revista y un nuevo eXcogito dossier, así como preparar otro evento académico-artístico en Granada junto con mi buen amigo el Dr. Francisco Villalobos. Son muchas cosas, lo sé, pero precisamente a eso dedico los meses anteriores del año: a leer, pensar y mantenerme al día en esto de la investigación y la teoría y práctica del humanismo. Durante el presente año he tenido la oportunidad de dejar volar mi imaginación, dar rienda suelta al niño y al loco que todos llevamos dentro, y en fin, a otros menesteres mundanos que huelga relatar. Ha sido un año bonito, para experimentar y ver cosas nuevas.

Quiero aprovechar esta nueva entrada del cuaderno para dar la bienvenida a dos miembros más en Studia Hermetica Journal: el Sr. Alfredo Tiemblo Magro, investigador de las movedizas lides del mundo de ultratumba antiguo y al Dr. Ronaldo Guilherme Gurgel Pereira, un egiptólogo dedicado a dilucidar las conexiones entre el Egipto antiguo y el tardoantiguo, tomando como nexo el hermetismo, a modo de fenómeno intercultural. Y sobre la estupenda labor de este último deseo centrarme, dado que he confeccionado una reseña crítica sobre su tesis doctoral, The Hermetic λóγος: Reading the Corpus Hermeticum as a Reflection of Graeco-Egyptian Mentality (Universität Basel, 2010). Me ha sorprendido gratamente el hecho de que aún hoy sea capaz de encontrarme con nuevas caras en esto del hermetismo, investigadores que iniciaron su andadura más o menos a la vez que yo, y que de no ser por la red, dudosamente habría conocido. Este underworld académico que supone el estudio de la filosofía hermética no deja de apasionarme, y de generarme simpatías y antipatías.
¿Qué se puede decir hoy sobre el hermetismo tardoantiguo que no haya sido repetido hasta la saciedad por otro colega investigador? ¿Es un campo inexplorado, virgen? Responderé a estas preguntas con sendos adverbios: “poco” y “no”. En esto del hermetismo filosófico-técnico en la Antigüedad necesitamos urgentemente nuevas perspectivas basadas en elementos tangibles; necesitamos nuevos textos y hallazgos arqueológicos y que los investigadores inmersos en este maravilloso mundo estén preparados para afrontar nuevos retos. Durante estos años de profundo estudio y reflexión, me he hartado de leer las mismas cosas en obras de autores muy distintos, y creo que ya basta de eso. La Egiptología debe dar un paso al frente, y el Dr. Gurgel es, desde mi punto de vista, una digna respuesta a esa petición. Por cierto que me he permitido la libertad de extender más de lo debido la reseña, porque estoy seguro de que los investigadores y aficionados a la materia van a agradecer una mayor minuciosidad en la descripción de esta interesante obra.
No quiero repetirme tampoco yo, y por eso remito al lector a mi artículo “Hermetismo, neoplatonismo y teúrgia”, que por cierto he subido a mi página de investigador en Academia.edu. En este trabajo (hace ya un lustro, ¡cómo pasa el tiempo!), ponía de manifiesto estas y otras ideas similares, y a pesar de que sigo suscribiendo lo escrito, permítanme añadir nuevos condimentos a la receta, y en particular lo concerniente al trabajo arqueológico.
Tengan en cuenta que el Egipto que tenemos en mente es en buena parte el fruto de una idealización que no ayuda a resolver el acertijo que nos ocupa, luego corresponde a los grupos de investigación arqueológica y a los historiadores del pensamiento trabajar juntos, o se corre el riesgo de caer en vanos soliloquios academicistas que sirven antes para que profesores de universidad abotargados vayan cumpliendo con sus trámites administrativos, que como un verdadero revulsivo en nuestro conocimiento (científico) del fenómeno.

A ver, centrémonos, porque Egipto es un país muy grande y no conviene perderse: ¿dónde se concentraba la población grecorromana en nuestra Antigüedad Clásica y Postclásica? Y a la luz de los hallazgos arqueológicos, ¿dónde radicaron sus centros intelectuales, más allá de Alejandría? Más fácil todavía, y centrándonos siempre en el Egipto Ptolemaico, Romano y Bizantino: ¿cuáles son los grupos de investigación arqueológica que están trabajando actualmente sobre el terreno?, ¿dónde lo están haciendo? (o ¿dónde lo hicieron?).
Pues bien, en lo que respecta al Delta y al Egipto Medio, nos vienen a la mente topónimos como los de Behbeit el-Hagar, Quesna, Kom el-Dikka, Wadi al-Natrun, El Fayum y localidades aledañas como Naqlun o Tebtunis y Oxirrinco; es en este último emplazamiento donde la Egypt Exploration Society (http://www.ees.ac.uk/), a través de su rama grecorromana despliega una valiosísima actividad en lo que se refiere a la clasificación y traducción papirológica. Consúltese también el Ancient Lives Project, diseñado para desvelar los secretos contenidos en la ingente cantidad de papiros hallados en el área. La Universidad de Barcelona cuenta con un grupo de arqueólogos que ha trabajado sobre el terreno recientemente.

En cuanto al Alto Egipto, nos encontramos con nombres tan reconocibles como los de Hermópolis Magna, Nag Hammadi, Athribis, Gebel el-Haridi, o Sohag (el monasterio de Shenoute); es este último emplazamiento el que encuentro especialmente inspirador.

No me cansaré de repetirlo: como historiadores de este fenómeno llamado “hermetismo” debemos echar mano de una pléyade de scholars que sobrepasa los estrechos márgenes de la especialización, y aquí no hago exclusiva mención de la Egiptología, sino también del mundo investigador relacionado de un modo u otro con la lengua y la cultura coptas (nos referimos aquí a la Historiografía Copta o la Coptología), donde nos encontramos con la labor de un viejo conocido en nuestro campo de estudio: Alberto Camplani, quien desarrolla una labor encomiable para la Asociación Internacional de Estudios Coptos, cuyo último Congreso Internacional en 2012 reunió a lo más granado de esta compleja área de conocimiento. No tengan dudas de que el entendimiento de la gnosis hermética vendrá de la mano de este campo de investigación, como ya se constató tras la traducción de los códices de Nag Hammadi. Permítanme que destaque aquí un extracto de las conclusiones del mencionado congreso, a cargo de Stephen J. Davis (“History and Historiography in Coptic Studies, 2004–2008”, p. 9):
“Frankfurter’s book challenged long-held assumptions about a late ancient decline experienced by traditional Egyptian temple cults. He argues that—far from dying out indigenous cultic practice remained alive, even as its locus moved outside the temple precincts into the Egyptian chora”. 
Existen sutiles relaciones entre los monasterios coptos de la Antigüedad, los escritos gnósticos, el cristianismo primitivo y sus liturgias, las creencias escatológicas y soteriológicas que impulsaron a la población grecorromana a ser momificada y retratada durante la Antigüedad Tardía en el área de El Fayum, y ese complejo fenómeno que llamamos "hermetismo". Se trata de un puzle que seremos capaces de resolver cuando nos pongamos a trabajar juntos y cuando expandamos nuestra perspectiva más allá de fuentes y bibliografías manidas. Además, tengan en cuenta que no sólo se trata de explicar tal o cual forma de pensar pretérita, sino de comprender el espíritu de todo un pueblo... Porque el hermetismo es vástago de su propia madre patria: un Egipto inundado, y no por las turbias aguas del Nilo, sino por el torrente cristalino de nuevas formas de pensamiento, de mil y un extranjeros llegados de tierras distantes dispuestos a modificar, preservar u olvidar las antiguas costumbres de una población dotada de un trasfondo histórico que aún hoy cuesta imaginar.
Les invito a mirar fijamente a los rostros de El Fayum: en ellos comprobarán la idiosincrasia de una región muy especial del Imperio Romano que durante siglos habló con su propia voz, y uno de sus muchos discursos fue nada menos que esta nuestra hermética filosofía.
Investigadores como Roger S. Bagnall, James E. Goehring, J. H. F. Dijkstra, Jason Zaborowski, David Frankfurter, Jacques van der Vliet, Gawdat Gabra, Gregor Wurst, Peter Parsons, Cristina Riggs, Iwona Zych, entre muchos otros, están siendo los encargados de reconstruir una imagen aproximada del Egipto de esos siglos tardíos de nuestra Antigüedad grecorromana y bizantina, y en fin, no puedo más que seguir atento a sus interesantísimas publicaciones y recomendarles a ustedes, estimados lectores, que hagan lo mismo.

La próxima vez que escriba de nuevo en este cuaderno de notas será para anunciar nuestras próximas publicaciones... si todo va según lo previsto, naturalmente. 

domingo, 15 de junio de 2014

Academia Studia Hermetica


Estimados lectores:
Retomo este cuaderno de notas digital para airear que Studia Hermetica cuenta desde hace unos meses con su propia dimensión educativa, con su propia ἀκαδήμεια. Y no, no se trata de una academia de estudios herméticos o esotéricos; como ya dejaba claro en mi particular “campaña de mecenazgo”, esta clase de iniciativas quedan fuera de mis intereses y propósitos. En relación a esto, recuerdo que el Dr. Carlos Gilly me dijo una vez que toda labor histórica desvinculada de técnicas como la Paleografía, la Epigrafía, la crítica textual, o el estudio de las lenguas clásicas, no es capaz de producir más que florecillas. Y estaba en lo cierto, qué duda cabe, pero yo añadiría a este recuento la capacidad de abstracción filosófica y la erudición que le compete, es decir, aquella facultad en virtud de la cual alguien es capaz de comprender correctamente un concepto filosófico; y hablo tanto de su profundidad semántica como del recorrido histórico que le es consustancial. Es más, desde mi punto de vista las carencias de una u otra realidad traen consigo que el trabajo actual de los humanistas se esté viendo progresivamente mermado en según qué círculos. En otras palabras, durante estos años he tenido la oportunidad de leer trabajos malogrados, desvinculados de una labor filológica o histórico-crítica que debió ser esencial, y asimismo perfectas joyas de corrección filológica absolutamente vacías de contenido semántico, debido a la falta de preparación filosófica de su autor. Y no se puede escapar a esto alegando que uno está dedicado a una ciencia y el otro, pues a otra. ¡No os evadáis del argumento, pillos! Ser humanista supone una especial clase de locura que no puede ni debe escapar al sentido de esta palabra: http://lema.rae.es/drae/?val=holismo
Ahondando en la misma idea, no puedo ni quiero entender cuando algún colega especialista me dice que el contenido de tal y cual trabajo es filosófico y no historiográfico, basándose en el mero hecho de que el primero analiza textos filosóficos, religiosos, místicos, o de “teoría de la ciencia” del pasado, y los segundos se centran en una vasija hallada en Cartagena. Esto, amigos míos, no evidencia más que un décalage intolerable entre formas de aproximación equivalentes, y pone de manifiesto las carencias formativas del actual sistema universitario, del sistema educativo en general. Y en este caso no hablo de España solamente. ¿Cuántas veces he asistido a vacuos ejercicios de autobombo académico, de esos en los que un especialista habla por vigésimo quinta vez de las magníficas teorías de fulano y mengano y de sus interesantísimas publicaciones, y de cómo los especialistas en tecno-macro-demo-eco pararreligionismo han debatido tal o cual de entre sus propuesta con júbilo, y de cómo los para-por-según-sin-so metaesotéricos les criticaban? Ad fontes, colegas, y de paso volved a leer a ese genio irónico que fue Lem.
O mejor rebajo mi acidez: al menos a mí no me interesa determinado estudio historiográfico que pretende recubrir con formas de pensamiento moderno realidades históricas lejanas, alegando para ello que toda otra forma de encarar el asunto es “empirista”, “anticuada”, “memorística” o “positivista”. ¿Estáis de broma?
Por otra parte, tengo que decir que estoy algo decepcionado con el mundo académico actual; en no pocas ocasiones es más importante conocer y hacer la pelota a la gente adecuada, que llevar a cabo un buen trabajo de investigación. ¿En qué tribu me ubico yo? En la de mi casa y mis gatos. ¿A quién conozco? A los búhos y sus travesuras. Lo demás me trae al pairo: que cada uno pierda el tiempo con lo que le plazca, pero les aseguro que lo único importante es el contenido, no el continente. No en vano tanto Sócrates como Diógenes buscaban ἇνδρες por Atenas, cada uno haciendo valer su propia linterna.
El trabajo intelectual conlleva mucha pasión y años de sacrificio. A alguien le dije una vez que las humanidades son una especie de monacato; una profesión poco valorada, mal pagada, marginada y por ende repleta de incompetentes y vividores. Y son poco valoradas debido al momento de gloria del que disfrutan actualmente los tecnócratas y los técnicos, llámense ingenieros, arquitectos, economistas, médicos o científicos; frente a los logros supuestamente tangibles de estos prohombres, las personas que se dedican a la enseñanza, a la ética y la estética, al arte, a la escritura, a la recuperación de la memoria, a la justicia y a la preservación del saber (es decir, a cuidar de los pilares básicos de toda sociedad civilizada), son vistos con ignorancia y desapego. Además, los humanistas nos vemos abocados a desempeñar en no pocas ocasiones trabajos escasamente especializados, absurdos y mal pagados. Y por si fuera poco, debido a esa tendencia espeluznante de países como el nuestro: “los listos a ciencias, los tontos a letras”, las aulas de las filologías, las filosofías, las historias, los derechos y las literaturas, se están llenando de futuros estultos, abúlicos, tiburoncillos, oligofrénicos y chupatintas. Y en fin, también de lo que denominaré “tecno-empollones”, es decir, de esa caterva intolerable de niñatos posmodernos competitivos e hipoglúcidos que acuden a las universidades a sacar dieces, onces, doces y títulos, antes que preocuparse en disfrutar de lo aprendido y de ser buenos profesionales en lo suyo.
Exagero deliberadamente porque de provocaciones vive el cambio… El trabajo intelectual aún se sigue viendo con respeto, y estamos ante una oportunidad inmejorable para preservar y perseverar en el estudio del pasado y la mejora del presente. Aprovechémosla.
Por este motivo, me ha parecido una iniciativa interesante proponer una manera de estudiar las lenguas clásicas sobre la base de los textos. Desvincular el estudio de la gramática y la lexicología de aquella literatura que le es propia, es como estudiar letra a letra una palabra ignorando su significado. Una tarea inútil que no conduce a ninguna parte. Toda reflexión sobre la lengua debe implicar dos cosas: literatura y filosofía. Sentido. Al menos estos son mis principios y sobre los mismos he fundado mi particular y privada “academia”.
En cuanto a la metodología de enseñanza, ya la adelantábamos: textos y gramática, nada del otro mundo. Mi forma de enseñar pretende ser integradora, tratando de analizar tanto los lexemas y los morfemas de las palabras, como el sentido y la ubicación histórica de las mismas. Por lo tanto, a la hora de dar apoyo en lenguas clásicas trato de hacer uso de algunas de las obras más representativas de cada periodo, con la salvedad del griego koiné, por aquello de integrar mi propio campo de investigación a la tarea.
Y a grandes rasgos, ¿de qué literaturas y lenguas estamos hablando? Pues principalmente de la literatura griega, la neogriega, la latina y la neolatina, es decir, de aquellas obras áticas encuadradas entre los siglos V y IV a. C., y de los textos escritos en koiné durante los extensos siglos de helenismo cultural; o bien de las obras maestras de la literatura latina escritas entre finales de la República y el nuevo esplendor alzado por la privilegiada y astuta mente de Caesar Augustus. Asimismo me gusta conferir protagonismo a la literatura renacentista ejecutada en littera antiqua. Yo adoro el Renacimiento y de sus jugosas obras he extraído muchas y sugerentes conclusiones.
Resumiendo, ¿sobre qué textos en particular pienso basarme con el fin de dar la vara al desnortado pupilo?:
Literatura griega
Ἀπολογία Σωκράτους, de Jenofonte.
Κύρου Ἀνάβασις, del mismo autor.
Y los textos integrados en la “Antología” (los estudiantes de Segundo de Bachillerato saben de lo que hablo).
Literatura latina
De bello gallico, de Cayo Julio César.
Commentarii de bello civili, del mismo autor.
Oratio in Catilina, de Marco Tulio Cicerón.
Aeneis, de Publio Virgilio Marón.
Bellum Iugurthinum, de Gayo Salustio Crispo.

Con respecto a aquellas personas que ya tengan nociones de latín y de griego y deseen saber más acerca de mis campos de estudio, la cosa cambia. En cualquier caso valoraré las peticiones individualmente e incrementaré mis honorarios en consecuencia.
Literatura neogriega (ἡ κοινὴ γλῶσσα)
Aquellas personas que ya dispongan de nociones en lengua griega, podrán optar por aprender la “lengua común” haciendo uso de sus textos más representativos, o bien de aquellos que lindan con mi hermético campo de estudio. Principalmente estos dos que siguen:
Corpus Hermeticum.

Literatura neolatina:
Stultitiae Laus, de Erasmo de Rotterdam.
Enchiridion Militiis Christiani, de Erasmo de Rotterdam.
De linguae latinae elegantia, de Lorenzo Valla.

El estudio de las lenguas clásicas ha experimentado grandes avances en las últimas décadas, precisamente criticando sus postulados fundamentales de enseñanza; y yo hago mías esas críticas (con toda humildad, dado que no soy filólogo). Menciono aquí la labor de especialistas como Hans Ørberg, Luigi Miragli, Alfonso López Quintás, Carlos Martínez Aguirre o Cristophe Rico, cuyos métodos de enseñanza y obras tratan de apartar el aprendizaje de las lenguas clásicas y su trasfondo histórico-filosófico de tristes y estériles letanías memorísticas, acercando la enorme riqueza cultural de nuestros maiores a los jóvenes estudiantes de modo natural. Concretamente recomiendo la lectura de “Come (non) si insegna il latino”, del Dr. Miragli, con quien estoy al cien por cien de acuerdo; y en relación con la lengua griega, recomiendo la lectura de la obra La extraña odisea. Confesiones de un filólogo clásico. Qué quieren que les diga, me quito el sombrero ante la valentía y la creatividad de estos grandes humanistas, que contra viento y marea tratan de reflotar el estudio del mundo clásico. Porque, amigos míos, una persona culta es una persona dotada de cultura clásica, los demás no son más que μορωσοφος.

En cuanto a mis proyectos para este año, tengo que decir que estoy trabajando en un nuevo número monográfico para SHJ (su publicación acontecerá en torno a finales del presente año), en un artículo para Azogue y en fin, en alguna que otra sorpresa. Estad atentos.