miércoles, 18 de marzo de 2009

Se han dado cuenta: Ágora, de Alejandro Amenábar


"Un tiempo ha de venir en que los dioses retornen con premura de la tierra al cielo y dejen abandonado a Egipto; un país que fue sede de prácticas religiosas se verá despojado de sus dioses y ya nunca gozará de su presencia; pues los extranjeros asolarán este país y esta tierra mostrando desprecio por la religión y, lo que es más grave, prohibiendo, con presuntas leyes y bajo penas prescritas, toda práctica religiosa, devoción o culto a los dioses, esta sagrada tierra, sede de santuarios y de templos, se cubrirá entonces de tumbas y de cadáveres..." (Asc. 24).
Hace días me llevé una alegría, y además doble, dado que la sorpresa lleva el sello "made in Spain". Siempre he pensado, y además lo he repetido hasta la saciedad en este cuaderno de notas, que la época helenística, Egipto y urbes tan impresionantes como lo fue la Alejandría de los primeros siglos de nuestra era, llevaban implícitos muchas de las claves para entender nuestro propio mundo moderno, debido, y como ya he dicho por activa y por pasiva, al intercambio cultural y la lucha étnica, política y religiosa, y todo ello además en un ambiente eminentemente urbano y cosmopolita, donde la inimaginable e irrepetible riqueza social que podía albergar una ciudad que probablemente pudo alcanzar el millón de habitantes en el mundo antiguo (¡!), nos muestra una cercanía pasmosa con nuestras Nueva Yorks y Londres actuales. Pues bien, como probablemente el lector ya conozca a estas alturas del año, Alejandro Amenábar, un cineasta español como la copa de un pino, que ha producido películas tan excelentes como Tesis (1996), Abre los ojos (1997), Los Otros (2001) o Mar Adentro (2004), estrenará pronto Ágora, una película que por su tráiler ya emociona, y que a mí me ha congraciado con el séptimo arte, porque lo veía de capa caída últimamente (sin contar con el incombustible ymagnífico Eastwood, claro).

Personalmente el realismo histórico no es un elemento que busque en una película ambientada en otra época, por lo que si veo a un sacerdote egipcio comiéndose una papa, miraré para otro lado. Lo digo en serio: muchas veces tratar de buscar la exactitud histórica en una obra del cine o la literatura no hace sino aburrir al espectador, y puede resultar un ejercicio de pedantería. Para exactitudes ya están los historiadores, yo humildemente le pido al arte que me emocione y me fascine. ¿Se pueden unir ambos elementos? Seguro que sí, al menos hasta cierto punto. Y tenemos ejemplos de ello, como la fenomenal Le roi danse (2000), que creo refleja perfectamente la grandeza de la taumaturgia, y la pompa y el ritual, con las que eran adornadas las complejas monarquías absolutas del siglo XVII, unas monarquías sólidas que eran conscientes de la importancia del despliegue estético del poder y del arte más sublime como forma de unificar y embelesar tanto a las clases nobles como a las populares. Otra película muy buena, y además igualmente francesa, fue Molière (2007), que como ejemplo me sirve magníficamente, dado que su trama argumental es ficticia pero el trasfondo es histórico. Supongo que el corolario de todo es que a veces es mejor la historia-ficción que una película o una novela que deliberadamente busque el rigor histórico, como si estuviera sometida a un juicio o poco menos; un ejemplo de esto lo encontré en la fallida y aburridísima novela de Yourcenar (tan sólo unos cuantos destellos) Opus Nigrum, que pese a que tenía a su autora en gran estima por la fascinante Nouvelles Orientales, en esta me decepcionó muchísimo.

Bueno, volviendo al tema que nos ocupaba, el caso es que cuando vi las primeras imágenes de la película y supe de qué iba, se confirmaron mis sospechas sobre el Sr. Amenábar: que era un genio, claro. Un cineasta eficaz que sabe lo que le gusta al público y que a la vez ejecuta pequeñas obras maestras del séptimo arte. Sin lugar a dudas es un ejemplo de cómo hay gente por ahí que se aleja de las cutreces cada vez más abundantes que se ven en el panorama artístico, y sobre todo en el panorama artístico español, y que hace las cosas como Dios manda, con trabajo duro, buenas ideas, y además alejándose del ombliguismo y el onanismo tan extendidos en el actual cine español. Esta película, Ágora -por lo que vi en el tráiler-, se basa en la violenta irrupción del cristianismo en las tierras del Nilo, y se puede contemplar de maravilla cómo para sus contemporáneos no cristianos esto supuso una especie de "final del mundo". Una nueva era comenzaba: durante los primeros siglos de cristianismo, los templos y los ritos antiguos del helenismo, y las ancestrales costumbres egipcias caerían en franca decadencia, sobre todo a partir del siglo IV, en plena vorágine de luchas entre el cristianismo y el helenismo (o "paganismo", como sería conocido posteriormente el acervo cultural helenístico), y a este hecho no sería ajeno el hermetismo, cuya "lamentación" o profecía contenida en el Asclepio, como bien reflejan los historiadores dedicados al tema, nos informa de la visión catastrofista de estos egipcios ante los cambios tan profundos que se iban orquestando en su cultura milenaria.

Se han dado cuenta, damas y caballeros. Se han dado cuenta de que este periodo histórico da mucho juego, y que además se parece pasmosamente a las revueltas y encrucijadas que asolan a nuestro propio confuso mundo. Darse cuenta de esto, es decir, que las muchas personas que vayan a ver la peli se identifiquen con estos egipcios sumidos en un mundo decadente, brumoso, cambiante y violento, yo creo que servirá para que adviertan que los hombres y mujeres del pasado tenían las mismas diatribas y conflictos religiosos, filosóficos, políticos y existenciales que nosotros, y que el ser humano de hace tantos siglos no era una especie de idiota monolítico haciendo posturitas, como las imágenes que puedan aparecer en un friso, sino un ser humano como el que más, con las mismas angustias, las mismas preguntas, los mismos dolores y las mismas pasiones, pero con un trasfondo distinto. Espero que no me decepcione esta película, y que pueda, una vez que la vea, tanto recomendársela al lector como hacerle un hueco en mi videoteca particular. De momento con el gesto me basta; un gesto que demuestra algo más que inteligencia y sensibilidad, demuestra lucidez y ganas de arriesgarse. Dos elementos que no abundan mucho últimamente. Lo dicho: muchas gracias al Sr. Amenábar por esta película que pinta tan bien y a ver si podemos verla para otoño.

domingo, 22 de febrero de 2009

Ramiro Tapia y Remedios Varo, torres de la pintura


Como viene siendo habitual, dejo constancia aquí de una nueva exposición del pintor Ramiro Tapia, que se celebrará en Valladolid del 26 de febrero al 18 de marzo de 2009. La verdad, me encantaría ir, pero con esto de la crisis me veo haciendo autoestop para llegar. Bueno, de cualquier manera a ver si cambian las cosas en lo monetario de aquí al próximo mes. Dejando a un lado mis insignificantes vicisitudes biográficas, hace pocos días conocí el nombre de una pintora magnífica del siglo XX; había visto algunos de sus cuadros por ahí, pero por casualidad, buscando por Internet, me encontré con su bendito nombre: Remedios Varo (estoy seguro de que el Sr. Tapia la conoce bien). Los cuadros de Remedios Varo están llenos de recovecos y secretos, de abrumadora feminidad y de un extraño simbolismo cercano en algunos casos a la emblemática alquímica del siglo XVII. Laberintos, bosques oníricos, montañas, sombras, pórticos, acantilados, castillos, ciudades imposibles... Todos aquellos lugares comunes explorados por los pintores "visionarios", simbolistas o herméticos, fueron excavados y sondeados también por la Sr. Varo con inigualable maestría. Es una lástima que no pueda verlos in situ, como me ocurrió con algunas de las obras del Sr. Tapia en Salamanca, pero mientras tanto me conformaré con las laminillas enanas que entresaco de la red; invito a los lectores a que me imiten, por ejemplo, en las siguientes direcciones: http://pintura.aut.org/SearchAutor?Autnum=14.914 y esta otrahttp://www.hungryflower.com/leorem/varo.html

Por otro lado, hay una cosa de estos magníficos pintores que no puedo dejar de comentar, y es la tendencia a tratar de incluirlos en etiquetas como surrealismo, realismo mágico o arte visionario. Precisamente su particular visión del mundo está tan alejada de ciertas construcciones modernas y posmodernas plagadas de pretenciosidad y sectarismo, que sus nombres se ahogan en el maremagnum del anonimato, quedando relegados en nuestros días al ostracismo de la extrañeza y la incomprensión, frente a las nuevas y horripilantes modas vomitadas de la suburbanidad, como por ejemplo la asquerosa y carcajeante exposición (no se me ocurren otro apelativos, y además creo que hasta los psicóticos que montaron "eso" estarían de acuerdo conmigo), a la que tuve la oportunidad de asistir hace años en la ciudad del Tormes, y que fue inaugurada nada más y nada menos que por el Rey, me refiero a "Barrocos y Neobarrocos: el infierno de lo bello", y que fue pregonada a bombo y platillo por la ciudad durante no sé cuántos días. Bien, no digo que me arrepienta de haber ido porque me encanta hacer trabajo de campo antropológico con cualquier cosa, pero lo cierto es que mi estómago se resintió un poquito a la salida: pude ver desde las guarradas más bajunas hasta las paranoias mentales más vacuas, todo ello sazonado con una buena dosis de intrascendencia audiovisual y un trasnochado y absurdo ánimo de provocar. Nada que ver con la obra sincera y profunda de estos magníficos artistas, que contra viento y marea siguen dejando el pabellón de la pintura bien alto, frente al diletantismo y la impostura reinantes.


"Fenómeno de ingravidez" (1963). Óleo sobre tela. 75 x 50 cm. Colección particular. México.

Me encantaría perderme en esos laberintos y torres que proclaman a los cuatro vientos la apabullante riqueza de la vida y la complejidad inimaginable del cosmos y la conciencia, busco yacer en el interior de esos preciosos y sombríos bosques de una conciencia lúcida y maravillosa, que no pretende decir nada, sino construir, trabajar y aprehender las obras de la Naturaleza y el alma. Resulta fascinante y desalentador a un tiempo observar cómo el discurso filosófico y la creación artística han experimentado un bajón tan impresionante y lamentable, como resultado de causas y condicionantes aún no comprendidos del todo... No obstante no caigo en el fatalismo: el ser humano ha experimentado muchas crisis y espero que salga de este estado de confusión un tanto desesperante. Mientras tanto quejarse es un lujo, y lo que verdaderamente hay que hacer es trabajar y trabajar para enriquecer estos tres milenios de cultura occidental-helenística que tanto ha costado levantar. Nada más: hagan el favor de pasarse por esta exposición en Valladolid, y muchas gracias a Ramiro Tapia por seguir informándome de sus movimientos.